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De las numerosas salidas que he realizado por la sierra madrileña, ya teníamos ganas de recorrer esta pequeña pero interesante sierrecilla. Siempre me ha gustado venir aquí, pero el turismo sigue apaleando sin remisión este bello entorno. De esta manera no solo pierde la naturaleza, sino que perdemos todos los madrileños. Me hubiera gustado que esta expedición (que ya planee con bastante antelación) se llevara a cabo con más participación de naturalistas, pero por esas vicisitudes de la vida, no pudo ser. En sí la cosa fue bastante "desastrosa", pero se pudo llevar a bien tal empresa. Aunque , ya digo, parecía haber algunos contras antes de su realización y además a última hora. Quizás con el paso del tiempo la sierra "cambie" y aquello que nos resultaba cotidiano, familiar, típico y hasta frecuente , de un tiempo a esta parte, ya no sea así. En muchos rincones de la sierra siempre me ha resultado un deleite caminar y subir a sus alturas. Contemplar a vista de águila los pueblos de sus dos vertientes. Que mejor época que la primavera para disfrutar del estallido de vida que rodea el entorno, y sentir con los cinco sentidos todo aquello que vemos y descubrimos al paso. Cuando vi por vez primera el Cancho de la Cruz, el Cancho Gordo y el Cancho Largo de cerca, me quedé impresionado. Observar toda esa arquitectura pétrea, te hacía pensar...¿Cómo era posible que el viento y la lluvia transforme el duro granito en esos "tubos de órgano" y demás formas extrañas?. Tantas sorpresas y alegrías hemos vivido en esta sierra, en distintas fechas del año, siempre con un objetivo común en nuestras mentes: aprender, conocer y disfrutar. Todo ello sin agredir lo más mínimo la naturaleza y el entorno; el paisaje es como nuestra casa. Y ya, para finalizar, espero que las autoridades competentes y los madrileños en general, protejamos activamente esta zona y no la llevemos a la catástrofe ecológica. Sería una pena no volver a escuchar jamás al Búho real sobre su atalaya en una tranquila noche de Octubre.
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